Llevados al cielo:

ascensi_n_del_Se_orNos disponemos a celebrar la fiesta de la Ascensión del Señor. La fe intuye que el mundo fue creado para el misterio de este día, para hacer posible este día de Jesús, este día de la humanidad, este día de Dios.

El evangelista, como quien guarda la inmensidad del océano en un hoyo de la playa, encerró en la humildad de unas pocas palabras la gloria de la Ascensión del Señor: “Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios”.

La memoria de este misterio de gracia y de gloria te da palabras de eucaristía: “En verdad, es nuestro deber y salvación darte gracias, Señor, Padre santo, porque Jesús ha ascendido hoy a lo más alto del cielo… allí ha querido precedernos… para que vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino”.

Considera, Iglesia de Cristo, cuál es tu destino, pues hoy se te concede contemplar abiertas para quien es nuestra cabeza, para quienes somos su cuerpo y para la creación entera las puertas del cielo.

Dios te ama hasta dar la vida para elevarte con él, por elevarte hasta él.

De ese amor que te diviniza es sacramento el Cuerpo de Cristo que recibes en comunión. Si comulgas, crees que viene a ti tu Señor, y confiesas también que entras con tu Señor en el cielo, pues no se queda él en ti sin que tú te quedes en él.

Feliz comunión, feliz ascensión con Cristo Jesús.

La noche es clara como el día

1b64175b838051186f4b0a1bb0122b30Tal vez por el sufrimiento multiplicado de los pobres, tal vez por la indiferencia arrogante de la injusticia, tal vez porque la oscuridad del no saber se cierne sobre las certezas de la fe, tal vez porque Dios es Dios y el corazón sólo alcanza a conocer el vértigo de desearlo, tal vez sólo porque yo soy polvo y la finitud, la muerte, como una sombra, se mueve inseparable de mis pasos, tal vez por todo ello, las palabras de la revelación atraviesan como espada de fuego el corazón de esa noche: “Dios es amor”.

Si amas y te preguntan de dónde vienes, tú les podrás decir: vengo del amor; si te preguntan a dónde vas, tú les dirás que vas al amor; y si te preguntan dónde vives, tú les dirás: vivo en el amor.

Si amas, inseparable de tus pasos, y no porque sea tu sombra, sino porque será todo tu ser, irá el amor que es Dios.

Si amas, el amor irá diciendo que has nacido de Dios, que lo conoces, que él te habita, y que tú permaneces en él.

En el corazón de tu noche se encienden hoy las palabras del evangelio. Te lo dice el testigo del amor más grande, el que se ha encarnado para servirte, el que se ha arrodillado a tus pies para lavarlos: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo: permaneced en mi amor”. Te lo dice el que ha entrado en la oscuridad gloriosa de su hora: “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado”. Te lo dice el que conoce más de cerca el vértigo del sufrimiento, de la indiferencia, de la injusticia, del abandono: “Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud”.

Feliz domingo, Iglesia cuerpo de Cristo; feliz comunión con tu Señor, con el que te ama como él es amado por el Padre, con el que viene a ti para que tú vivas en su alegría, con el que irrumpe en tu noche para ser tu día, para ser tu gloria, para ser tu cielo.

Soñé que me quedaba en ti

jesus_handSoñé que me quedaba en ti, mi Señor resucitado, como el sarmiento en la vid, como el amado en quien lo ama. Soñé que moraba en ti, que era bautizado en tu muerte, que me ungía tu Espíritu, y que contigo entraba resucitado en la vida de Dios. Soñé que en ti me perdía, hijo en el Hijo, y que allí me alcanzaba y me poseía el amor con que tú eres amado. Soñé que para mí no quería otro sueño, otra dicha, otra recompensa, otro cielo que no fueses tú.

Y tú, viniendo a mí, has hecho realidad lo que habías hecho deseo dentro de mí, pues yo permanezco en ti cuando guardo en mí tu palabra, cuando recibo el admirable sacramento de tu cuerpo y de tu sangre, cuando me visitas en los pobres que tu misericordia me ha permitido asistir.

Abre tus ojos, Iglesia de Cristo, para que reconozcamos la presencia de tu Señor. El lector la recordará proclamando: ¡Palabra de Dios! El que preside lo declarará diciendo: ¡Cuerpo de Cristo! Y el Espíritu de Jesús te alertará cuando te cruces con el hermano necesitado.

No te sorprendas si a tu Señor lo encuentras pobre, magullado y roto, abandonado en el camino, echado al borde de una esperanza; no te sorprendas si lo ves emigrante, en las cunetas de la vida, que mendiga unas migajas de justicia y de pan, un puñado de arroz y de futuro; no te sorprendas si los ves niño dormido en tus brazos: tú serás para él un lugar de ternura compasiva, y él será para ti el lugar de la salvación.

Tu palabra, Señor, y tu cuerpo, la eucaristía y los pobres, hacen realidad en tu Iglesia el cielo que le has concedido soñar.

La voz de una madre

pascuaLo has oído en el evangelio: “Yo soy el buen pastor, que da su vida por sus ovejas”. Oyéndolo, has entendido que Jesús de Nazaret te ha puesto en el centro de su vida; has entendido que el Hijo de Dios, porque te amaba, se ha hecho vulnerable hasta dar la vida por ti; has entendido que Dios, compadecido de ti, ha abierto de par en par las fronteras de su Reino para que entres, para que seas libre, para que vivas.

Lo has oído en el evangelio, lo has celebrado, lo has revivido, lo has experimentado en la Eucaristía: “Yo soy el buen pastor, que da su vida por sus ovejas”. Y sabes, Iglesia cuerpo de Cristo, que ésa es tu vocación, que estás llamada a poner a los pobres en el centro de tu vida, a dar la vida por ellos, a mantenerte siempre abierta para ellos porque eres su casa. Tu vocación es conocerlos: conocer su voz, su necesidad, sus anhelos, sus miedos, sus alegrías. Tu vocación es hacerte para ellos deseable como un pan, vulnerable como un amante, acogedora como una madre; hacerte toda para ellos como Jesús se hizo todo para ti.

Que los empobrecidos sepan todos que pueden contar contigo: Todos, en todo tiempo, en todo lugar. Que los pobres sepan que, allí donde te encuentren, encontrarán madre, encontrarán ternura, y si lo hay, encontrarán pan.

Que los empobrecidos conozcan tu voz, como reconoce un niño la voz de su madre.

El amor condescendiente:

jesus_handEn eso de no creer, todos eran Tomás, y con todos hubo de ser condescendiente el amor que para todos quería la vida.

El que por ellos había bajado hasta lo más hondo de la condición humana, ahora muestra heridas que la divinidad ya había cicatrizado, y que el amor condescendiente abre de nuevo para que se pierdan en ellas nuestras dudas.

El Señor que por nosotros se había hecho siervo, la Palabra divina que por todos se había hecho palabra, súplica, lamento humano, ahora pide de comer, no ya porque él lo necesite para su vida, sino porque nosotros lo necesitamos para la nuestra.

Condesciende con nuestra debilidad el que nos ama, y come para que a nosotros nos alimente la fe, nos habite el Espíritu de Dios, acojamos la paz que viene del cielo, y nazcan de Dios para la vida eterna los que habían nacido de la voluntad del hombre para la muerte.

Hoy somos nosotros los que, movidos por la fe, nos acercamos a Cristo resucitado, al Amor condescendiente, al Buen Pastor de nuestras vidas. Ya sólo nos queda admirar y amar a nuestro Redentor, “aunque es de noche”, bendecir y agradecer a nuestro Salvador, “aunque es de noche”, alegrarnos con nuestro Señor, “aunque es de noche”. “En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo”, “aunque es de noche”.

Feliz domingo.

¡Señor mío y Dios mío!:

minomuralsaofelixLa noche de Pascua trajo el evangelio más sorprendente: “No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado”. Antes de que el incienso subiese a lo alto de nuestras iglesias, la oración de la fe subía agradecida a lo alto del cielo, a lo más íntimo de nosotros mismos, a la morada santa del Dios de nuestra salvación. Antes de que la luz inundase de claridad nuestra asamblea, el alma se iluminó de esperanza, de alegría y de paz. Antes de que el Resucitado nos recibiera en comunión sacramental, nuestra fe lo había recibido en comunión espiritual, y sabíamos que, por la fe, era nuestro lo que admirábamos en él, pues nuestra era la humanidad en él resucitada, nuestra su gloria, nuestra su vida.

Ahora aprendemos a discernir su presencia en medio de nosotros. Otro le dará voz, pero hoy será él quien te hable, será él quien te abrace con su paz, será él quien te regale con su Espíritu, será él quien pronuncie contigo tu acción de gracias, será él quien resucitado se te entregue en el pan de la bendición, será él el corazón de la palabra que proclames, será él la verdad de los ritos que celebres, será él el corazón y la verdad de tu confesión: “¡Señor mío y Dios mío!”.

Cristo ha resucitado, y hoy nos encontramos con él en nuestra Eucaristía.

Feliz domingo. Feliz Pascua de resurrección.

Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre:

pascua_3Considera, Iglesia de Cristo, la tradición que has recibido, y que procede del Señor: “Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía». Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía»”.

Recuerda que, en aquella hora, Jesús “se pone a lavar los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido”.  Después les dijo: “Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”.

Considera las dos formas del único mandato: “Haced esto en memoria mía”. “También vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”. No habrá para ti memoria de Cristo en la Eucaristía si no hay imitación de Cristo en el servicio a los hermanos.

El servicio es tu forma concreta de imitar la entrega del Señor, ¡hasta dar la vida por los hermanos! Y el cuerpo entregado de Cristo es la medida que la fe establece para la generosidad de tu servicio.

Que nadie separe lo que el Señor ha unido: la memoria de su entrega y la imitación de su ejemplo.

Feliz encuentro con Cristo Jesús.

Feliz Pascua, hermanos míos muy queridos.

Encarnación

jesus_handSe me acercó y me dijo que iba a “hacer el viaje”. Se refirió a la muerte como si no hablase de la suya: _“Para nosotros no hay otro camino”, me dijo.

Me pidió la bendición, pues quería “hacer el camino en paz”.

La abracé, y dejé en su frente una señal de la cruz: _“Jesús va contigo –le dije-. No tengas miedo”.

Se lo dije como si el mismo Jesús lo dijese ahora para los dos, porque yo tenía miedo, y ella también aunque lo escondiese tras un velo de palabras resignadas. Los dos necesitábamos oír y creer: “No tengas miedo”.

Comenzaba en la catedral la oración de la tarde: mis ojos iban del Crucificado del presbiterio a mi hija en su banco de cada día, de cruz a cruz, de soledad a soledad, de esperanza a esperanza.

Su voz, poderosa y limpia, entonó el himno: “Libra mis ojos de la muerte, dales la luz que es su destino…”. Adiviné un sentido nuevo para las palabras tantas veces recitadas; adiviné en el corazón un deseo infinito de vivir… adiviné un grito en el alma: “Tú, que conoces el desierto: dame tu mano y ven conmigo”.

Ahora ya sabes, querida, por qué hubo un día una encarnación, por qué una navidad, por qué un abajamiento de Dios hasta la condición de los pobres, por qué esa salida del amor al desierto de nuestras peregrinaciones. Aquel día vino a ti el que había de ser tu pan  para el camino,  la luz para tu noche, la mano para sostenerte en tu debilidad.

 “No temas”, le dijo a María el ángel del Señor. “No tengas miedo”, nos dice el que viene para ser nuestro Salvador.  La gloria de su Pascua envuelve en esperanza nuestra vida.

Feliz camino con Jesús.

Quisiéramos ver a Jesús:

ojos20jesusLos griegos de los que habla el evangelio dijeron al apóstol Felipe: “Quisiéramos ver a Jesús”. Y nosotros podemos entender que deseaban encontrarse con Jesús, hablar con él, tal vez creer en él, servirle, seguirle. Que sería algo así como desear ver lo que no está a la vista, lo que pertenece al misterio.

Por eso, el evangelista, en vez de informar sobre un eventual encuentro de Jesús con aquellos griegos, pone delante de ellos y de nosotros el misterio que andan buscando: lo que de Jesús todavía no se puede ver.

Para que alguien pueda ver a Jesús, será necesario que el Hijo del hombre haya vivido entera la hora de su glorificación: caer en tierra, morir, dar fruto…

Entonces, sólo entonces, se hará posible verle: “Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto”. Aquí se habla de morir y fructificar, morir uno y nacer muchos, y ya nos damos cuenta de que se puede ver a Jesús sin nacer de Jesús, se puede ver a Jesús sin encontrarse con Jesús, se puede ver a Jesús sin creer en Jesús; nuestra petición hoy, como la de aquellos griegos ayer, aunque sólo diga “quisiéramos ver a Jesús”, dice que queremos creer en él, encontrarle a él, ¡nacer de él!

¡No basta con ver para ver! A Jesús lo vieron escribas y fariseos, y lo persiguieron; lo vio el sanedrín, y lo declaró reo de muerte; lo vio Herodes, y se burló de él; lo vio Pilato, y lo condenó.

¡Hace falta nacer! Trigo que nace de trigo; cristos que nacen de Cristo. ¡Sólo si naces, has visto! Esto es lo que pertenece al misterio.

Ahora considera lo que vives en el sacramento de la Eucaristía. En él haces memoria de la entrega de Cristo: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre”. En él haces memoria del sacrificio de Cristo, del grano de trigo que, caído en tierra, muere y da fruto. Tú, asamblea santa, eres el fruto de Cristo, tú has salido de Cristo, tú eres atraída por Cristo, tú vuelves a Cristo: muchos son los que han nacido de uno, y todos volvemos, por la comunión, a ser uno en aquel de quien hemos nacido.

Un sueño: Un solo rebaño y un solo pastor, los que ya creen y los que todavía no han visto al Señor, los que han oído su nombre y los que lo aman sin conocerlo. Que todos, Señor, volvamos a sentirnos carne de tu carne, ¡todos!

Una sorpresa: La de saber que eras tú quien llamaba a mi puerta necesitado. Entonces descubrí otro modo de verte, de encontrarte, de comulgar contigo: Ver a los pobres, encontrarlos, comulgar con ellos, hacerme uno con ellos.

Un secreto: Para ver a Jesús, basta el amor.

Feliz domingo.

Mira, cree, vive:

16_white_dunesOído el evangelio de este domingo, en el alma y en los ojos se nos queda la imagen de Cristo crucificado: “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él, tenga vida eterna”.

Considera lo que has oído y entra en el misterio que se te revela.

Hoy contemplas a Cristo levantado en la cruz, y reconoces en él el árbol de la vida, fuente de la salvación, revelación de las profundidades del amor con que Dios ama.

Ya hablaba de Dios y de la vida la serpiente levantada en el desierto, memoria de la Ley divina que salva, señal de salvación para quienes la miraban y creían, es decir, para quienes escuchaban y obedecían.

Ahora el evangelio nos indica la realidad que la figura anunciaba, la Palabra encarnada que la Ley significaba, el Hijo enaltecido que la serpiente de bronce representaba.

Ahora miras, crees, y vives. Ahora, Iglesia del desierto, miras, crees, y eres curada de la mordedura de la antigua serpiente. Ahora miras, crees, y recibes vida eterna.

Lo que ahora contemplas es el misterio de Cristo crucificado y glorificado, levantado en el desierto donde los hombres peregrinan, levantado para que el mundo vea, crea y se salve.

Asómate al misterio y goza con la salvación: Dios, tu Dios, te ha dado a su Hijo, y este Hijo, levantado ante los ojos de la humanidad herida, es para ella señal de salvación, memoria del amor de Dios, sacramento de la vida que Dios da. Esa señal, esa memoria, ese sacramento es Jesús de Nazaret. ¡Asómate y goza!

No me digas lo que la información o tu propia experiencia te permiten saber acerca de Jesús de Nazaret. Todos, como el fariseo Nicodemo, podemos presumir saberes sobre Jesús, incluso podemos llegar a decir que “sabemos que viene de Dios como maestro”. Pero estos son saberes nuestros, que vienen de nosotros mismos, que pueden hacer de nosotros alumnos de un maestro o seguidores de un gurú, pero nunca podrán hacer de nadie un creyente. Los creyentes nacen  de Dios, con ojos que sólo Dios puede dar, y luz que sólo Dios puede encender. Y porque nacen “de lo alto”, la fe les permite mirar a Cristo crucificado y ver la salvación que viene de Dios; ellos miran a Cristo entregado, y admiran el amor que Dios les tiene; ellos miran al Hijo del hombre, que ha sido elevado en medio del campamento, y encuentran en él la vida que sólo Dios puede dar. ¡Asómate al misterio y goza de él! ¡Mira, contempla y ama!

Hemos hablado de la serpiente de bronce, levantada en el desierto. Hemos hablado del Hijo del hombre, “elevado para que todo el que cree en él, tenga vida eterna”. Hemos recordado misterios de la fe. Pero todavía se nos llama a un nuevo conocimiento. También éste viene “de lo alto”: hoy, en medio de nuestra asamblea, la fe contemplará elevado al Hijo del hombre, como “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, Pan de vida para los que peregrinan en el desierto, sacramento admirable de Cristo resucitado. Mira, contempla y, “de lo alto”, sabrás que Dios te ha hecho vivir con Cristo, que Dios te ha resucitado con Cristo, que están con Cristo en el cielo a la diestra de Dios.

¡Asómate al misterio y goza de él! ¡Mira, contempla y ama!

Y aún has de contemplarle elevado en los pobres: Sólo con la luz “de lo alto” lo reconocerás: el necesitado al que tú acudes para que viva, se te manifestará como tu vida.

“Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti…si no pongo a mi Señor en la cumbre de mis alegrías”.

Feliz domingo.