‘Siervo de la esperanza’: Logo y lema del viaje del Papa a Marruecos

30 y 31 de marzo de 2019
ENERO 08, 2019 22:15REDACCIÓNVIAJES PONTIFICIOS


(ZENIT – 8 enero 2019).-

Siervo de la esperanza es el tema del viaje del Papa Francisco a Marruecos el 30 y 31 de marzo de 2019, anuncia Vatican News en inglés.
El Papa Francisco se reunirá con el líder de los musulmanes marroquíes, 800 años después de la reunión entre San Francisco de Asís y el Sultán Al-Malik al-Kāmil de Egipto, como señaló el Papa en su discurso ante los embajadores el 7 de enero.

Rabat y Casablanca
El Pontífice hará esta visita apostólica en respuesta a la invitación del Rey Mohammed VI y los obispos del país.
El viaje incluye las ciudades de Rabat y Casablanca y será el vigésimo sexto viaje papal fuera de Italia. También será la segunda visita de un papa a este país después de la reunión de San Juan Pablo II en Casablanca con jóvenes musulmanes el 19 de agosto de 1985.

Logo oficial
El logotipo oficial de la visita del Papa fue elegido entre 50 proyectos, presentados al concurso. La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha indicado que la cruz y la media luna, símbolos del cristianismo y el islam, “enfatizan las relaciones interreligiosas entre cristianos y musulmanes, siguiendo los pasos de San Francisco”.
La ilustración tiene los colores de los dos estados: verde y rojo – horizontal de la cruz y creciente – para Marruecos, amarillo y blanco – la vertical de la cruz y el fondo – para el Vaticano. “Marruecos” está escrito en inglés y árabe.
El tema de la visita está inscrito con el nombre de Papa Francisco: Siervo de la Esperanza, que es el título de la carta pastoral que la Conferencia Episcopal Regional del Norte de África (CERNA) entregó al Papa Francisco durante la última Visita ‘ad Limina’ a Roma en 2015.

Emiratos Árabes
El Papa también tiene previsto visitar los Emiratos Árabes Unidos del 3 al 5 de febrero: dijo el lunes 7 de enero que sus visitas a estos dos países de mayoría musulmana “representan dos oportunidades importantes para promover el diálogo interreligioso y el entendimiento mutuo entre los fieles de ambas religiones celebraron este año el octavo centenario del histórico encuentro entre San Francisco de Asís y el Sultán al-Malik al-Kāmil “.

 

https://es.zenit.org/articles/siervo-de-la-esperanza-logo-y-lema-del-viaje-del-papa-a-marruecos/

Celebro lo que creo… Aprendo lo que soy:

Yo digo: «Soy cristiano». Pero tal vez no sepa bien lo que digo ni diga con verdad lo que soy, pues «ser de Cristo» es misterio que nadie puede abarcar, ni puede nadie acabar de serlo.

El Espíritu de Dios y su gracia, la contemplación de los hechos de Cristo, la oración de la Iglesia y el amor de los hermanos me irán abriendo camino para que me adentre en ese misterio que confieso cuando digo: «Soy cristiano».

Considera lo que celebras en la fiesta del Bautismo del Señor: “Hoy Cristo ha entrado en el cauce del Jordán para lavar el pecado del mundo”. Tú, Iglesia de Cristo, ves bautizado en el Jordán al que es tu cabeza, y eres tú, su cuerpo, la purificada; entra en el agua Jesús, y la corriente se lleva tus pecados; mientras Jesús ora, el cielo se abre también para ti; asciende Jesús de las aguas, y lleva consigo hacia lo alto el mundo entero.

Ahora vuelve a decir: «Soy cristiano», y estarás diciendo: «He sido lavado con Cristo en las aguas de su bautismo, he creído en el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, he visto desaparecer perdonados todos mis pecados, se han abierto también para mí las puertas de la casa de Dios, he subido con Cristo desde lo hondo de la esclavitud humana a la condición de hijo amado de Dios».

Pero no es eso sólo lo que vives hoy, pues también se te permite contemplar al Espíritu que baja sobre Jesús, y oír la voz que viene del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”. Si en comunión con Cristo Jesús quedaste purificada por las aguas de su bautismo, en Cristo quedaste también ungida con el Espíritu que a él lo ungió, y escuchaste, como dichas también para ti, las palabras que él oyó, palabras de amor que nunca en tu pequeñez hubieras podido imaginar.

Si ahora dices: «Soy cristiano», estás diciendo: «Soy hijo de Dios en Cristo, soy amado de Dios en Cristo, soy en Cristo un predilecto de Dios».

Aprende lo que eres; agradece con todos los redimidos lo que el amor de Dios ha hecho de ti; comulga con Cristo y, en esa comunión, admira la belleza del misterio que hoy se te ha revelado, saborea su dulzura, goza con la abundancia de la misericordia que se te revela, escucha de nuevo, dichas para el Unigénito, dichas también para ti, las palabras de aquel día en el Jordán: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”.

Feliz domingo. Feliz fiesta del Bautismo del Señor.

Una luz encendida en el corazón de la Iglesia.

A los Magos de Oriente los guía una estrella, pero, en realidad, quien ilumina su camino es el mismo Cristo Jesús, la Luz de Dios que ha amanecido sobre Belén.

La estrella del Rey es la que les muestra el camino que han de seguir; pero en esa estrella los atrae el Rey que para ellos ha nacido.

Considera, Iglesia amada del Señor, lo que aquellos Magos van buscando; te lo dice el profeta: “Brilla, Jerusalén, que llega tu luz, la gloria del Señor amanece sobre ti, sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti”. Buscan la luz que al mundo le viene de Dios, buscan contemplar la gloria del Señor que amanece sobre la tierra, buscan al Señor de la gloria.

Considera también lo que ven cuando encuentran lo que iban buscando; te lo dice el evangelista: Entraron en la casa y “vieron al niño con María, su madre”.

¡Buscaban al Señor y vieron al niño!

¡Vieron al niño, y cayendo de rodillas lo adoraron, porque habían encontrado al Señor!

En aquellos Magos que buscaban al Rey para adorarlo, puedes ver representados a todos los pueblos que hasta el fin de los tiempos buscarán al Señor para caminar a su luz.

Si en ellos te vieres representada a ti misma, imita la humildad y alegría de su peregrinación hasta que, como ellos, encuentres, veas y adores al Rey que acaba de nacer, al Señor de tu vida, al Amor de tu alma.

Pero puedes verte también representada en la ciudad que el profeta vio iluminada por la luz de Dios, resplandeciente por la gloria del Señor que amanecía sobre ella: Entonces la Epifanía es la fiesta de la luz que Dios ha encendido en medio de ti.

Sólo si Cristo te ilumina, podrás irradiar su luz.

Deja que Cristo amanezca en ti por su palabra pobre, deja que entre en ti por su Eucaristía humilde, deja que se encienda en ti por el amor a sus hermanos pobres.

Guarda en el corazón palabra, Eucaristía y hermanos, y habrá amanecido sobre ti la luz de Dios, habrás iluminado tu vida con la luz que es Cristo.

Preguntas para mi Navidad:

“Nuestro Dios apareció en el mundo y vivió entre los hombres”. Si lo crees, no lo digas sin asombro, y, si te asombras, no dejes de contemplar el misterio que has creído.

Considera el porqué de esa Navidad: entrarás en un abismo de amor, insondable como el abismo de Dios.

Mira en el espejo de esa Navidad: entrarás en un abismo de humildad, de pobreza, de debilidad, insondable como el abismo del hombre.

Considera lo que en esa Navidad se te ofrece: entrarás en el misterio de la justicia que tu corazón añora, de la paz que todo tu ser desea, de la alegría que cada sufrimiento te hace recordar, de una vida que sólo ese nacimiento puede revestir de inmortalidad.

Y no dejes de considerar lo que del hombre recibe ese Dios que apareció en el mundo: entrarás en el abismo del pecado, que es rechazo del amor, rechazo del don de Dios, rechazo de Dios.

Considera cómo se ha presentado Dios entre los hombres, y te adentrarás en el misterio de la fe: misterio del Dios escondido, misterio de una búsqueda que es hermana de oscuridades y sufrimientos.

Los padres de Jesús lo buscaron angustiados porque lo amaban, lo habían perdido, y no lo encontraban.

También Herodes lo buscó, pero sólo para matarlo.

Como Herodes, lo buscaron quienes tramaron su muerte y lo mataron.

Otros lo buscaron para escuchar su palabra, que dejaba la vida empapada en esperanza. Otros, porque esperaban ser curados. Otros, casi todos, como el posadero de Belén, ni siquiera cayeron en la cuenta de que Dios había aparecido en el mundo y vivía entre ellos.

“Nuestro Dios apareció en el mundo y vivió entre los hombres”. Me pregunto si he aprendido a conjugar en tiempos de presente los verbos de esta confesión, me pregunto si también yo puedo encontrar a Dios en mis caminos.

El que a Belén llegó pidiendo posada desde el seno de una joven madre, el que a unos pastores se mostró envuelto en pañales y recostado en un pesebre, llama a la puerta de mi casa cada día, pidiendo entrar y que cenemos juntos.

Me pregunto en qué voz podré reconocer su palabra, en qué llanto su queja, en qué cuerpo su necesidad, en qué rostro su presencia.

Me pregunto si alguna vez lo he reconocido en la Eucaristía y en los pobres. ¡Me pregunto si lo amo!

La profecía se hace evangelio

“Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote al Salvador”. Así empieza la liturgia eucarística de este domingo. Son palabras que no puedo imaginar sin unos labios que las pronuncien, sin un corazón que las llene de sentido, sin un alma que les dé el aliento, la fuerza, la violencia del mandato y del grito. Son palabras que puedo adivinar en labios quemados por la soledad y la aridez del desierto; palabras para corazones quebrantados en días sin trabajo, sin pan, sin salida. Son palabras para el silencio de los hambrientos, para el horror de los naufragios, para la precariedad de la vida. Son palabras que se adhieren a la carne de los pobres, y aunque ellos nunca lleguen a pronunciarlas, son su oración más verdadera, pues es su dolor quien las pronuncia, y es Dios quien en ese mismo dolor las escucha.

“Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote al Salvador”. Las palabras del profeta, fuesen oración de los pobres o revelación del proyecto de Dios para ellos, se vuelven evangelio, son buena noticia de gracia para todos, si las vemos cumpliéndose en el misterio de la visitación de María de Nazaret a su prima Isabel: “En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre… En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre”. Llega una virgen, la recibe una estéril. Con la virgen llega, como hijo en su seno, el rocío del cielo, la justicia de lo alto, la salvación de Dios. En el seno de la estéril salta de alegría el hijo que percibe presente el refrigerio del rocío, el consuelo de la justicia, la luz de la salvación.

“Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote al Salvador”. Las palabras del profeta se vuelven hoy evangelio para la comunidad que celebra la eucaristía. Hoy entra en nuestra casa el rocío del cielo. Hoy se abre la tierra, nuestra humilde tierra, y brota en ella el Salvador. Hoy, en el seno de la Iglesia, saltan de alegría sus hijos, pues Cristo el Señor entra en nuestra casa, y con él nos visita la justicia que viene de Dios.

La alegría con que recibimos a Cristo que viene en la eucaristía a salvarnos, ésa ha de ser la alegría con que recibamos a Cristo que viene en los pobres a que lo acudamos.

Feliz domingo. Ven Señor Jesús.

TALLER DE DESARROLLO PERSONAL (COACHING)

El Centro Cultural Lerchundi de Martil te invita a participar de estos talleres que nos puede facilitar nuestros procesos de desarrollo personal para alcanzar metas u objetivos. Mediante el coaching el ser humano recibe ayuda y orientación para cambiar su vida, atendiendo a los diferentes aspectos que la conforman, otorgando herramientas para encauzarla hacia los cambios, convertirse en mejor persona y prepararnos para ayudar más eficazmente a las cercanos que lo necesiten. Tienen lugar todos los sábados, te esperamos el próximo 22 de diciembre a las 15’30.

«No podemos desarrollar nuestros recursos completamente si no estamos también implicados en desarrollar los recursos de los demás”. (R. Charkhuff)

Imparten: Yassine Barnaoui y Fahd el Bakkali

Sesiones: sábados, 15’30-17’00. Aula 3

lerchundimartil@gmail.com
facebook: Centro Cultural Lerchundi

0539 97 95 53

¡TE ESPERAMOS!

JORNADA DE REFLEXIÓN SOBRE LA RADICALIZACIÓN VIOLENTA DE LOS JÓVENES


Estimados amigos,

Os adjuntamos la invitación y el programa de la Jornada de Reflexión sobre la radicalización violenta de jóvenes marroquíes, que organiza la Asociación ATIL en Tetuán el próximo miércoles 19 de Diciembre.

Habrá mesas redondas, debates y talleres, donde analizar las causas y las posibles soluciones, de este fenómeno preocupante que exige la implicación de todos los actores sociales, políticos, jurídicos, educativos, culturales, religiosos y de la propia institución familiar, para abordarlo con seriedad, rigor y eficacia.

Contamos con vuestra presencia. Recibid saludos cordiales

Francisco Jiménez Maldonado
Coordinador del Centro Cultural Lerchundi de Martil

Programme – Atelier de réflexion sur la radicalisation violente des jeunes

Los 19 mártires de Argelia

BEATIFICACION DE LOS 19 MARTIRES DEL AMOR POR ARGELIA:

8 DE DICIEMBRE DE 2018

Los 19 mártires de Argelia de los años 1994-1996 son testigos de una fe limpia que, a través de la oración y la presencia ha creado un espacio de diálogo. Son una hermosa imagen de la Iglesia de Argelia, compuesta por unos pocos miles de fieles en cuatro diócesis: Argel, Orán, Constantina-Hipona y Laghouat. La Iglesia de Argelia es consciente de tener una misión profética, la de crear un clima de diálogo entre la fe cristiana y el islam, en la certeza de que todos somos hijos de Dios, obra de sus manos, y que los hijos de Dios están llamados a reconocerse. Personalidades diferentes, unidas por una vocación común a la santidad, cada uno de ellos fue un auténtico testigo del amor de Cristo, del diálogo, de la apertura a los demás, de la amistad y de la pertenencia a la Iglesia. Los rasgos comunes de los 19 mártires son: fe sólida en Cristo y su Evangelio; amor por la tierra a la que el Señor los había enviado; atención y delicadeza evangélica hacia el pueblo argelino, sobre todo hacia los pequeños y los humildes, con una especial atención a los jóvenes; respeto por la fe del otro y deseo de entender el islam. Los 19 mártires encarnaron hasta el final la vocación de la Iglesia argelina de ser sacramento de la caridad de Cristo por todo el pueblo. Monseñor Pierre Claverie O.P., obispo de Orán, unas pocas semanas antes de morir, en una homilía pronunciada el 23 de junio de 1996, decía: “Después del comienzo del drama argelino, a menudo me preguntaban: ‘¿Qué estáis haciendo allí? ¿Por qué os quedáis? ¡Sacudid el polvo de vuestras sandalias! ¡Volved!’. ¿Pero a dónde vamos a volver? ¿Cuál es nuestra casa? Estamos allí por el Mesías crucificado. Por ninguna otra razón y por nadie más. No tenemos ningún interés que salvaguardar, ninguna influencia que mantener. No estamos impulsados por algún tipo de perversión masoquista. No tenemos ningún poder, pero estamos allí como junto a la cama de un amigo, de un hermano enfermo, en silencio, sosteniendo su mano y secándole la frente. Es por Jesús, porque es él quien sufre allí, en esta violencia de la que no escapa nadie, crucificado de nuevo en la carne de miles de inocentes. Dar la propia vida. Esto no está reservado a los mártires o, al menos, estamos llamados a convertirnos en ‘mártires-testigos’ del don gratuito de amor, del don gratuito de la vida. Este don nos viene de la gracia de Dios dada en Jesucristo. ¿Y cómo traducir este don, esta gracia?”.

Los 19 mártires, beatificado el 8 de diciembre de 2018 en Orán, en la Basílica de Nuestra Señora de la Santa Cruz son:

  • El hermano Henri Vergès, Marista, y Sor Paul-Hélène Saint-Raymond, de las Hermanitas de la Asunción. Fueron asesinados juntos en la biblioteca de la casba de Argel el 8 de mayo de 1994;
  • dos Agustinas Misioneras, asesinadas el 23 de octubre de 1994 al ir a la Misa dominical, delante de la capilla de Bab-el-Oued: Sor Esther Paniagua Alonso y Sor Caridad Alvarez Martín;
  • cuatro Misioneros de África (Padres Blancos), asesinados juntos en Tizi-Ouzu, en su casa, el 27 de diciembre de 1994: P. Jean Chevillard, P. Alain Dieulangard, P. Charles Deckers, P. Christian Chessel;
  • dos Hermanas de Nuestra Señora de los Apóstoles, asesinadas por dos disparos a la salida de Misa, el 3 de septiembre de 1995, a cien metros de su casa, en Belcour: Jeanne Littlejohn (Sor Angèle-Marie) y Denise Leclercq (Sor Bibiane);
  • Sor Odette Prévost, Hermanitas del Sagrado Corazón;
  • siete monjes Trapenses de Tibhirine: el prior P. Christian de Chergé, el hermano Luc Dochier, el P. Christophe Lebreton, el hermano Michel Fleury, el P. Bruno Lemarchand, el P. Célestin Ringeard y el P. Paul Favre-Miville.
  • Mons. Pierre Claverie O.P., obispo de Orán, asesinado el 1 de agosto de 1996, junto a su joven chofer y amigo musulmán, Mohamed: esta circunstancia sume un alto valor simbólico para la vida de la Iglesia en Argelia.

Béatification de Mgr Pierre Claverie op, évêque,

et ses 18 compagnons, religieux, religieuses, martyrs

Programme

–  Vendredi 07 décembre:

Arrivée, retrait des badges et installation des invités à l’Hôtel Liberté.

Veillée spirituelle à la cathédrale Sainte Marie (Centre Pierre Claverie) à 20h00 (familles et participants venant de l’étranger)

–  Samedi 08 décembre:

  • Cérémonie d’accueil à la Grande Mosquée à 9h00 (pour les délégations des familles, les évêques et les journalistes)
  • Messe de béatification au Sanctuaire Notre Dame de Santa Cruz à 13h00   présidée par le cardinal Becciu, préfet de la Congrégation pour les causes des saints.
  • Retransmission à la cathédrale Sainte Marie (Centre Pierre Claverie) en direct.
  • dîner offert par Mr le Ministre des Affaires Religieuses suivi de pièce de théâtre «Pierre et Mohamed» (pour les résidents à l’hôtel Liberté).

–  Dimanche 09 décembre:

  • Les familles seront invitées à se rendre sur les tombes des bienheureux (Alger, Tibhirine, Tizi Ouzou)
  • Pour ceux qui le souhaitent, messe d’action de grâce à la cathédrale Sainte Marie (Centre Pierre Claverie) à 9h.

http://www.ktotv.com/beatification-martyrs-algerie

Obispo de Tánger – Santiago Agrelo

 

SALUDO

Queridos amigos de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía.  Señoras. Señores: Paz y Bien.

Si alguien preguntase qué nos ha traído hoy a este encuentro, podríamos responder que nos ha convocado la defensa de los derechos humanos. Así es.

Confieso, sin embargo, que he llegado a pensionista sin haber leído la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Y constato con asombro que son muchos los que, habiéndola firmado, supongo que después de haberla leído, no la respetan; y que seguramente somos muchos los que, sin haberla firmado y puede que ni siquiera leído, ponemos todo el empeño en respetarla escrupulosamente.

Porque va a ser que lo que cuenta no es un papel que todos pueden firmar e ignorar; lo que cuenta es el ser humano, la persona humana, ese otro que es como yo y en el que puedo reconocerme.

Aquí me han traído hoy vuestra benevolencia y las certezas morales que han guiado mi vida como ciudadano y como cristiano.

A ese mundo de certezas pertenece la de la comunión de todos en una misma y única humanidad. Si las cosas son así, servir a otro es de alguna manera, servirse uno a sí mismo; servir a quien se encuentra en situación de necesidad es siempre un modo de remediar la propia necesidad; eso me lo enseñó el profeta que dijo: “No te cierres a tu propia carne”.

De ahí que la Delegación Diocesana de Migraciones de la Iglesia de Tánger y yo mismo nos sintamos hoy no poco confundidos en un evento que es de ¡reconocimiento de la solidaridad que cada día tenemos con nosotros mismos!

Por esa misma antigua y entrañable identificación de los pobres con uno mismo, sería poco comprensible que nadie recordase hoy lo que ayer ha compartido con los demás, pues sería algo así como recordar lo que ayer hemos comido: ¡Nadie guarda memoria de eso!

Mi admirada Simone Weil lo dijo de esta manera: “El benefactor de Cristo, en presencia de un desdichado, no siente ninguna distancia entre la persona que tiene delante y él mismo; proyecta hacia el otro todo su ser; y desde ese momento el impulso a dar de comer es tan instintivo, tan inmediato, como el de comer uno mismo cuando tiene hambre. Y cae enseguida en el olvido, como caen en el olvido las comidas de días pasados”.

Un segundo motivo de confusión para la Delegación y para mí es que llevamos años intentando hacer visibles a esos inmigrantes que las opciones políticas han hecho clandestinos en los países por donde transitan, y resulta que ¡nos hemos hecho visibles a nosotros mismos!

Y aquí me toca confesar pecados que, en la lucha por la justicia, pueden haberse escondido en los pliegues de la solidaridad:

Podemos olvidar que al necesitado no le damos de lo que es nuestro, sino de lo que es suyo.

A algunos, que tienen recursos para ayudar, les he oído reclamar el agradecimiento de quienes son ayudados: olvidamos que no estamos dando, sino devolviendo, y que por eso mismo, no hemos de reclamar gratitud, sino que hemos de pedir perdón.

Por otra parte, no sé cómo habremos de arreglárnoslas en circunstancias como ésta para que “no sepa la mano izquierda lo que hace la mano derecha”.

Y, último capítulo de esta confesión: mucho me temo que no hayamos amado a los pobres “tanto que nos perdonen la escudilla de sopa que les damos” (Vicente de Paúl).

El pan compartido, la mano estrechada, el abrazo fraterno, son reconocimiento y defensa de la dignidad y de los derechos de todos los miembros de la familia humana.

El pan compartido, la mano estrechada, el abrazo fraterno, son pequeños pasos que se dan hacia un mundo en el que “los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de libertad de palabra y de creencias”.

El pan compartido, la mano estrechada, el abrazo fraterno, son los primeros nombres que damos a una relación que queremos que sea humana con todos.

No hacen falta declaraciones solemnes para compartir pan, estrechar manos y abrazar hermanos.

La DUDH está ahí, firmada por todos los que salían de las atrocidades de la II Guerra mundial y habían conocido la barbarie de crímenes contra la humanidad justificados con ideologías supremacistas y totalitarias. La DUDH está ahí, y, sin embargo, en los once años de mi servicio como obispo en la diócesis de Tánger, he sido testigo de la violación continuada del derecho de todos a emigrar, del derecho de todos a la integridad física; he visto humanidad esclavizada, humillada, vejada, utilizada; he visto pisoteada la dignidad humana, mujeres y hombres mendigando lo que se les debe de justicia. He visto tanto sufrimiento inútil y evitable, que sólo puedo avergonzarme de pertenecer al mundo de quienes lo provocan.

Una constatación o, si ustedes prefieren, una evidencia: en esos once años de testigo en la frontera sur de España, la situación de los emigrantes no ha hecho más que empeorar. Han sido once años de descenso en la escala del respeto a la dignidad de las personas, y de progresiva degradación social en materia de solidaridad con los pobres: de ignorar sus sufrimientos y mirar para otro lado, hemos pasado a justificar que se les condene a la esclavitud y se les deje morir.

A quienes me pregunten qué hacer para poner remedio a este mal que amenaza con destruir nuestro patrimonio de humanidad, les recordaré la importancia de compartir pan, estrechar manos y abrazar hermanos; que es un modo de pedir que se te encuentre siempre al lado del que sufre, siempre solidario con él; y ése es tu modo de mostrar que reconoces en el otro a uno como tú mismo.

Pero puedo decirlo de otra manera: que te encuentren siempre al lado de los que sufren, siempre con los pequeños, siempre entre los últimos.

Ahora bien, si son muchos los motivos que tengo para sentir confusión en este acto, también los tengo y muchos para estaros agradecido, todo lo agradecido de que soy capaz, por esa extraña decisión de reconocimiento a estos repartidores de pan y de abrazos. Necesito agradecéroslo cuanto sé y puedo, ya que ese gesto vuestro, es un modo bien sencillo y eficaz de decirle a alguien –seguramente que a muchas personas-, que los inmigrantes están aquí. Ellos son hoy aquel niño solo del que habla con inmensa ternura Eduardo Galeano en El libro de los abrazos:

«Fernando Silva dirige el hospital de niños en Managua. En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar. Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían… se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba detrás. En la penumbra, lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso. Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano: _Decile a… -susurró el niño-, decile a alguien que yo estoy aquí».

Gracias, amigos, gracias por este reconocimiento, que es un modo de recordar que los inmigrantes están aquí, que existen, que tienen derechos, y que están olvidados en la soledad de la frontera sur de España.

Gracias, también en nombre de la Delegación Diocesana de Migraciones. Un abrazo de este hermano menor.

Cádiz, 10 de diciembre de 2018.

Santiago Agrelo Martinez, obispo